En el colegio seguimos trabajando la educación para la salud como parte fundamental del desarrollo integral de nuestro alumnado. En esta ocasión compartimos un interesante material elaborado por la Asociación 5 al Día, que nos invita a reflexionar sobre la importancia de incluir frutas y hortalizas en nuestra alimentación diaria.
Una forma sencilla y muy visual de entenderlo es a través del color de los alimentos. Las frutas y verduras presentan distintos colores porque contienen compuestos naturales con propiedades beneficiosas para nuestro organismo. Cada color aporta nutrientes diferentes, por lo que cuanta mayor variedad de colores haya en nuestro plato, más completa será nuestra alimentación.
Los alimentos de color rojo, como las fresas, tomates o cerezas, destacan por su aporte de antioxidantes y vitamina C. Estos nutrientes ayudan a proteger nuestras células y contribuyen al buen funcionamiento del sistema inmunitario.
Las frutas y hortalizas naranjas, como la zanahoria, la calabaza o la naranja, también son ricas en vitamina C y en carotenoides, que ayudan al cuidado de la piel y de la vista.
Los alimentos amarillos, como el plátano, el limón o el melón, aportan vitaminas y minerales esenciales que contribuyen al buen funcionamiento del organismo y al mantenimiento de la energía durante el día.
Las frutas y verduras verdes, como el brócoli, la lechuga o el calabacín, son especialmente ricas en ácido fólico, fibra y otros nutrientes fundamentales para el crecimiento y el desarrollo.
Por último, los alimentos morados o violetas, como las uvas, la berenjena o la col lombarda, contienen compuestos antioxidantes que ayudan a proteger nuestro cuerpo.
Desde la Asociación 5 al Día nos recuerdan un mensaje muy sencillo: procura consumir al menos cinco raciones diarias de frutas y hortalizas frescas. Incluir diferentes colores en nuestras comidas no solo hace los platos más atractivos, sino que también garantiza una mayor diversidad de nutrientes.
Pequeños gestos cotidianos, como añadir fruta en el desayuno, incorporar verduras en las comidas o preparar meriendas saludables, ayudan a construir hábitos alimentarios positivos desde la infancia.
Educar en salud también es educar en bienestar, y aprender a comer sano y con color es un buen punto de partida para hacerlo.





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